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Devoirs

Los últimos días he recibido una cantidad de lecciones que todavía no acabo de procesar, estas me emocionan y a la vez me llenan de pánico, como cuando empiezas a llevar materias que te encantan pero ves la cantidad de tarea que tienes que hacer por las mismas y ¡Gulp! mejor empiezas a hacer las cosas porque si lo piensas va a ser más el agobio que la emoción o el gusto. Son temas que para mi son muy difíciles, como debe ser, pero aunque no veo claro el propósito siento la mano de Dios en todo esto. Me es tangible cómo Él me está preparando un par de días antes para las situaciones y de repente ya las estoy enfrentando. Me cuesta mucho trabajo dejar de hacerme la fuerte, la sabia, la mejor en muchas cosas, la que todo lo puede pues. Esa es mi mayor máscara, y, aunque no creo que sea buena, sin ella no sé cómo comportarme. No sé cómo ser, sin ser yo y mi habilidades mi mejor tema de conversación. Sé que todo se resume a una palabra: HUMILDAD. De ésta se acompañan muchas cosas: el verdadero amor, el servicio, el aprender, el ordenarme, disciplinarme, superarme... ¡Uff! Creo que no acabaría de nombrarlas. Pero no sé cómo empezar, es como cuando te dejan un ensayo y no sabes cómo iniciarlo. Sabes el título, ya leíste la bibliografía, pero el inicio es muy difícil, o al menos eso parece. Ahí estoy. Frente al ordenador pensando cómo iniciar el ensayo de N cuartillas, meditando en todo lo que en verdad quiero cambiar y hacer y que tengo que hacerlo. Al final, no estoy sola. Su mano me guía y me sostiene. Y aún cuando sé que no dejará de haber caidas, como cuando aprendí a andar en bici, sé que no pasará de un par de moretones y raspones, tal vez algunas lágrimas todo ello atenuado por un apapacho (literal) y de vuelta a la bici. Con base en la conferencia de hoy reflexiono: ¿Quiero un milagro? Sí, ¿Cuál? No sé por dónde empezar, ¿Para qué? Ahí está el detalle... Y lo más importante en este momento, ¿Qué estoy dispuesta a dar? ¿Cuál va a ser mi compromiso? Tengo mucha tarea que hacer, pero tengo a El Maestro.

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